Del “aguantemos el primer semestre” al “crecimiento llegará entre fines del 2019 y principios del 2020”

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En unos meses nada más la gestión de Cambiemos se encaminará a su último año de gobierno. Que prosiga al frente del país será una decisión un tanto más complicada para los argentinos si tenemos en cuenta la debacle económica que se ha profundizado de mediados del 2017 en adelante.

Dicen los opinólogos y economistas más prestigiosos que el modelo económico argentino planteado por el kirchnerismo había comenzado a agotarse lentamente desde el 2013, y que había mostrado falencias un poco más serias entre 2014 y 2015. Quizás un cambio de estrategias en ese sentido hubiese sido por demás necesario si se pretendía la economía nacional volviera a crecer. Pero claramente el modelo propuesto por el macrismo, lejos de ser la salida, terminó por complicar de gravedad a lo que venía aconteciendo. Es como si a un resfriado, en lugar de suministrarle cuidados con té de miel y limón, hubiesen expuesto al enfermo al frío polar para que le diera una neumonía. Ahora sí encontrarle una cura a la enfermedad es difícil.

Así y todo, el gobierno de Macri logró un buen despliegue de su juego político en la etapa de su mandato. Partió en mil pedazos a la oposición y con manejos comunicacionales muy efectivos convenció a la población de que los siguieran. Primero les pidieron al menos tres meses (hasta marzo) para comenzar a acomodar la economía nacional. Luego vino el pedido del “aguantemos el primer semestre”, y cuando se cumplió este plazo, se empezó a plantear la idea de una crisis económica que al principio no prendía en la sociedad.

La mitad del mandato vino con las elecciones de medio término, donde la mayoría de los argentinos volvió a depositar su voto de confianza en Cambiemos, y donde también la figura de Cristina Fernández de Kirchner dejó demostrada una vez más que tiene en su haber un tercio del electorado que la considera la única capaz de sacar al país de la crisis a la que fuimos caminando y terminó de profundizarse recientemente.

Ante este esquema, el presidente y sus funcionarios volvieron a arremeter contra la senadora electa, y hasta armaron una jugada para destituirla que no tuvo el consentimiento de la mayoría. Hablando sólo cuando fue necesario, la ex presidenta se llamó al silencio, como estrategia personal, y dejó que Macri gobernara y fuese cayendo solo en la trampa que hoy le cuesta su imagen electoral: una corrida cambiaria que se dispara, una inflación que nunca pudo controlar, más devaluación, más pérdida de la rentabilidad y el pedido de rescate a un gigante que los argentinos desprecian como lo es el Fondo Monetario Internacional.

El fin de semana Lagarde, la directora ejecutiva del ente, manifestó que el “crecimiento llegará entre fines del 2019 y principios del 2020”. La cuestión es; ¿los argentinos están dispuestos a creer una vez más en un gobierno que tantas veces les ha mentido?

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