Día de la soberanía

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El 20 de noviembre se conmemora la Batalla de la Vuelta de Obligado y desde 1974 se celebra el Día de la Soberanía Nacional aprobada por el Congreso de la Nación Argentina. Desde 2010 ese día es feriado nacional mediante un Decreto de Necesidad y Urgencia por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

La batalla de la Vuelta de Obligado fue una contienda bélica desarrollada en el año 1845, en aguas del río Paraná, sobre su margen derecha y en el norte de la provincia de Buenos Aires, en un recodo donde el cauce se angosta y gira, conocido como Vuelta de Obligado, en lo que hoy es la localidad de Obligado.

El entonces gobernador Juan Manuel de Rosas y su comandante Lucio Mancilla desarrollaron una estrategia para defender la patria de quienes querían invadirla: la escuadra anglo-francesa. La estrategia enemiga era  utilizar el conflicto que la Confederación tenía con Uruguay para poder comerciar directamente con Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, sin pasar por Buenos Aires ni reconocer la autoridad de Rosas como encargado de las relaciones exteriores.

El ataque solo tenía fines económicos y los anglo-franceses eran superiores en número y en naves y artillería. Del lado de Rosas la ventaja era que conocía el terreno. Es por eso que los dejó avanzar hasta donde el río es más estrecho para poder impedir su paso.

Los europeos disponían de 418 cañones y 880 soldados, contra seis barcos mercantes y 60 cañones de escaso calibre que les opuso Rosas. Once buques de combate de la escuadra anglo-francesa navegaban por el río Paraná desde los primeros días de noviembre; estos navíos poseían la tecnología más avanzada en maquinaria militar de la época.

Los enemigos de la patria pudieron avanzar luego de la batalla, por ello se dijeron ganadores. Pero luego tuvieron que rendirse y aceptar la soberanía de la Confederación sobre los ríos del interior nacional, por lo cual la victoria fue diplomática debido a la resistencia nacional.

Desde el exilio José de San Martín dijo:
Ya sabía la acción de Obligado; ¡qué inequidad! De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca. A un tal proceder no nos queda otro partido que el de no mirar el porvenir y cumplir con el deber de hombres libres sea cual fuere la suerte que nos depare el destino, que en íntima convicción no sería un momento dudosa en nuestro favor si todos los argentinos se persuadiesen del deshonor que recaerá en nuestra patria si las naciones europeas triunfan en esta contienda que en mi opinión es de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de la España.

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