Diciembre trágico

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Diciembre es un mes trágico para los argentinos, desde 2001 hasta la actualidad, las mayores crisis sociales e institucionales se dieron durante este mes, dejando en evidencia la fragilidad política que existe en nuestro país.


Con la consigna “Que se vayan todos”, en 2001 se dio una de las más grandes tragedias argentinas. El por entonces presidente, Fernando De la Rúa, declaró estado de sitio luego de los cacerolazos y las manifestaciones sociales de un pueblo al cual se le estaban violando sus derechos.

Días antes, el ministro de economía, Domingo Cavallo, dejó en la ruina a cientos de personas declarando el corralito financiero, que disponía la restricción de la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros, en donde los argentinos quedaron sin la posibilidad de disponer de sus ahorros.

Con esta situación la crisis social y financiera no se hizo esperar: cacerolazos, manifestaciones, saqueos a comercios de todo el país. La declaración del estado de sitio empeoró las cosas y el pueblo salió a las calles sin importarles las restricciones.

En las jornadas de 19 y 20 de diciembre, y con la renuncia del presidente, la policía comenzó a reprimir a la multitud, dejando un saldo de 39 personas muertas, entre ellas, 9 menores y cientos de heridos.

Ciudades de todo el país quedaron en ruinas, negocios saqueados, establecimientos públicos destruidos, plazas desoladas, y la peor imagen de nuestra historia: un presidente, incapaz de actuar, huyendo en helicóptero desde los techos de la Casa de Gobierno.

Lo que vino después no fue mejor, cinco presidentes en 11 días: Fernando de la Rúa, Adolfo Rodríguez Saá, Ramón Puerta y Eduardo Camaño y Eduardo Duhalde, y ninguno de ellos pudo superar la crisis política del momento.

Años después, en diciembre del 2013, en Córdoba se registraron actos vandálicos cuando una crisis institucional de la Policía de Córdoba dejó a la provincia desprotegida, durante el acuartelamiento de las fuerzas de seguridad.

Durante las jornadas del 3 y 4 de diciembre de ese año los saqueos a supermercados, locales de electrodomésticos y negocios de toda índole fueron desvalijados. Centenares de negocios tuvieron que cerrar sus puertas y las grandes cadenas de supermercados tardaron en recuperarse.

Pero la población afectada no se quedó de brazos cruzados, armaron trincheras y salieron a las calles armados para defenderse de aquellos que querían saquearlos. Una batalla campal entre ciudadanos de la misma ciudad, del mismo pueblo, entre vecinos.

Hoy, la situación no es distinta, la aprobación de una Reforma Previsional impulsada por el gobierno nacional y aprobada por el oficialismo y gobernadores de todo el país, tentados con promesas vanas, dejaron un saldo de violencia y represión que parece ser común en nuestro país, dejando ver la fragilidad institucional y política de la nación.

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