El valor de una mujer

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El valor de una mujer no se define por sus cualidades físicas. De hecho una mujer es mucho más que un trozo de carne.
A diario la sociedad se asombra de la cantidad de femicidios o violencia familiar o doméstica que existen en nuestro país y en el mundo. Porque no hay que olvidar que la realidad atraviesa a todos, sin distinciones de clase social, etaria o de regiones. Desde hace siglos el hombre se ha creído superior, y por la fuerza ha hecho la guerra, ha saqueado, ha violado y ultrajado no solo al que cree inferior o débil, sino también a las mujeres. Y desde esa misma cantidad de siglos la mujer ha querido levantar cabeza para demostrar una igualdad ante el hombre que no debería necesitar explicación, puesto que, como decimos los pueblerinos, “se cae de maduro”. Lástima que en este caso, la fruta parece no haber llegado a su punto máxime.
Si bien las monstruosidades que hacen los “machos pechos peludos” nos hacen desviar muchas veces la mirada de la pantalla o del diario cuando las estamos leyendo (porque no soportamos lo que nos están contando), la realidad es que la gran mayoría repite una y otra vez, casi inconscientemente, los patrones de patriarcado.
“La mujer tiene que estar en la casa y dedicarse a cuidar a sus hijos, además de ´´atender´´ a su marido”.
“El que trae el pan a la casa es el hombre”.
“No, dejá, a la cena la pago yo porque soy el hombre”.
“La mujer debe cumplir con sus obligaciones maritales”.
“No me gusta que ella salga con amigas. Tiene que quedarse a cuidar a los chicos. No podemos salir los dos”.
“Acá se hace lo que yo digo y punto”.
Imagino, o quizás es por el entorno en que me muevo, que los hombres, de a poco, van entendiendo que las mujeres no son menos que ellos y que tienen un valor diferente al que creyeron. De hecho el mismo valor y derechos que los que ellos poseen. Pero cuesta…y cómo les cuesta. Si se sientan a mirar Showmatch o alguno de esos programas que profundizan las grietas sociales y se la pasan diciendo “qué buen cul…”, “mirá esas tet…”, que dicho sea de paso, en general son artificiales. Pero ese no es el punto. El punto es que mercantilizan al cuerpo, y ya no solo al femenino, sino al masculino. En ese sentido, el capitalismo, que transforma todo en un objeto, viene ganando.
Pero a veces uno no tiene que ponerse a analizar todo desde tan lejos. Basta con salir a dar una vuelta para escuchar al “macho” gritarle groserías a una mujer, disfrazando las mismas de piropo. Y encima observar cómo se ríe porque está rodeado de otros “machos”…se ríe porque se siente ebrio de poder decir lo que sea y que ella agache la cabeza por vergüenza.
Situaciones donde el hombre hace uso y abuso de su condición sobran. Qué lástima me dan porque en realidad de hombres sólo tienen el aparato reproductor.
Si de verdad queremos igualdad, empecemos por no dejarlo sólo en el discurso. Eduquemos, hagamos que la mujer que no se valora se descubra en todo su esplendor. Y eduquemos también al hombre, para que sea uno de verdad. No un mero pene andante.

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