En busca de la verdad perdida (Entrevista parte 2)

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La búsqueda de Analía no fue fácil, muchas trabas, mucha burocracia y mucha gente involucrada que hasta nuestros días siguen impunes. Lo primero que hizo la joven fue buscar el expediente de su papá, y allí se dio cuenta que había pagado condena no solo por robo sino por muchas cosas más, como tenencia de armas, privación ilegítima de la libertad, asalto, cosas que había pagado sin siquiera haber estado cerca de cometer. “Yo seguía buscando e investigando. Le preguntaba a él sobre lo que había investigado pero él no decía nada, hasta que me cansé y le dije que yo sabía todo, que había visto los expedientes. Me dijo que eran otros tiempos, que los torturaban y que él había visto cómo mataban gente, me dijo que dejara de buscar que era parte del pasado”.

La muerte de su padre fue muy dura para Analía, no solo por perder a un ser querido sino por no haber podido obtener de él la verdad de su identidad: “Le pregunté por qué lo había hecho y me dijo que los fantasmas de su pasado lo estaban comenzando a perseguir, y me pidió disculpas por todo lo que había pasado. Le pregunté cuál era el nombre de mi mamá y él me dijo que no lo iba a hacer porque era muy doloroso para él y lloraba; así fue todo el tiempo de su agonía. Y en ese mutismo falleció”. El silencio dio paso a las lágrimas largamente contenidas.

Luego de su fallecimiento, la joven hizo el ADN y dio 99,99% que era hija de él y que se había llevado a la tumba el secreto mejor guardado de toda su vida: “Al tiempo me llamaron los vecinos que estuvieron con él los últimos momentos de su vida lúcida y me dijeron que me tenían que contar algo: mi papá les dijo que mi mamá era muy joven, que la había conocido dentro del penal, tenía una clase social muy distinta a la de él y que él hizo todo lo posible por mantenerla viva hasta que yo nací. Pero después la trasladaron y no supo más nada…él piensa que la mataron ya que nunca más supo nada”.

Y con lágrimas en los ojos nos contó: “Cada vez que íbamos al cementerio de San Vicente me hacía dejar una rosa en las fosas comunes, diciendo que era para mi abuela que no había tenido una tumba, pero en realidad me la hacía dejar para mi mamá, ya que él pensaba que allí estaba”.

“Mi papá fue víctima de la dictadura, él sufrió la tortura, el hacinamiento, los interrogatorios y salió de la cárcel seis meses antes de que terminara la dictadura, pero todo lo vivido durante esos años fue muy feo. Él contaba que cuando pasó por La Perla le hacían una tortura que se llamaba ´margarita´, que era picana en los testículos. En el expediente decía que los ponían en el suelo mojado y aplicaban corriente eléctrica, pero él me dijo que eso no era nada en comparación a lo que les hacían”.

En todas las historias hay grises y en la de la dictadura más, ya que no hay nada definido, ni fechas, ni hijos, ni crímenes: “No verlo de esa manera te lleva a un laberinto burocrático del que no salís más. Obtener la identidad debería ser más fácil ya que es un derecho. Las organizaciones de Derechos Humanos deberían abrir más su forma de pensar ya que no todo es blanco o negro. Hay grises y casos como el mío hay miles; no soy solo yo, ya que la dictadura nos atravesó a todos”.

Sus últimas palabras quedaron resonando en mi interior y me llevó a pensar en todo lo que nos falta como sociedad para llegar a la verdad.

Te dejamos algunos audios más que podes escuchar junto a los de la primera parte de la entrevista:

https://soundcloud.com/user-557017397/entrevista-analia3

https://soundcloud.com/user-557017397/entrevista-analia4

https://soundcloud.com/user-557017397/entrevista-analia5

 

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