Latinoamérica no entendió nada

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Luego de muchos años de gobiernos golpistas o neoliberales, América Latina había comenzado a darle una oportunidad a los gobiernos populistas, que se abocaron a llevar adelante planes de acción contra el desempleo y la pobreza, apaleando el hambre y la miseria, poniendo énfasis en la salud, la educación, leyes más inclusivas, participación colectiva, derrumbe de monopolios; en suma, gobiernos que favorecían al pueblo y no a las oligarquías nacionales.

Los ejemplos más claros son Brasil, Argentina, Bolivia, Venezuela, Ecuador, entre otros. Estos países con claras tendencias contra el imperialismo y a favor de los más desposeídos, sacaron de la pobreza a más de 70 millones de personas, dándoles la posibilidad de pertenecer a la clase media.

Durante más de 10 años duró el sueño de una Latinoamérica mejor, más justa, inclusiva. ¿Qué pasó? La gran potencia mundial puso un alto a la escalada de bienestar ¿Por qué? Porque no le convenía que cada nación puede valerse por sí sola sin necesidad de recurrir por su auxilio.

Poco a poco los gobiernos populistas fueron cayendo, siendo utilizada la misma estrategia: la corrupción. La herramienta de derrumbe: los medios monopólicos de comunicación. Veamos el caso de Argentina y Brasil que son casi un calco. El ex presidente brasileño, Lula da Silva fue apresado este año porque habría recibido sobornos para favorecer a empresas como Odebrecht en contratos estatales. En Argentina, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner está imputada por lo mismo, pero a diferencia de Lula, no ha ido a prisión, aunque es fuertemente investigada.

A su vez en Brasil, además destituyeron a la presidenta Dilma Rousseff en 2016 también por corrupción, asumiendo el vicepresidente Michael Temer, quien sumió al país en una gran crisis social, económica y jurídica.

Hoy en América Latina el único gobierno populista que queda es el de Evo Morales en Bolivia que aun resiste los embates del imperialismo yanqui, pero no por mucho tiempo más, ya que no le permiten modificar su constitución para poder ser reelegido nuevamente. ¿No es demasiada coincidencia que todos los gobiernos populistas sean investigados por corrupción? ¿No será que encontraron el punto de manipulación social?

Pero ahora volvamos a Brasil que es el que está bajo la lupa del mundo entero. Luego del descontento social y de la manipulación mediática que sufre la gente a diario en esta parte del continente, las elecciones fueron ganadas por Jair Bolsonaro, ex militar y de ideología ultraderechista. Repasemos sus dichos para contextualizar la situación:

“Un pueblo de afrodescendientes: no hacen nada, ni para procrear sirven y gastar en ellos un billón de reales…”
“No te violaré porque no te lo mereces”.
“A los niños gays hay que darles una buena tunda, para cambiar su comportamiento”.
“No podría amar a un hijo homosexual, no voy a ser hipócrita, preferiría que muera en un accidente”.
“Las mujeres tienen un derecho extra como trabajadoras, que es la incapacidad por maternidad, por eso es preferible contratar a hombres, ellas deberían ganar menos”.
“Estoy a favor de la tortura”.
“Las cosas van a cambiar cuando se haga el trabajo que el régimen militar no hizo, matar a 30.000”.

Esta persona es hoy el ganador de las elecciones presidenciales en Brasil; usted puede sacar sus propias conclusiones.

Hoy el FMI está de vuelta en el sur del continente y está haciendo estragos en cada nación, sembrando el descontento, la miseria, el desempleo, el hambre. Evidentemente, Latinoamérica no entendió nada…

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