Lo imperdonable de Nico (o discurso hipócrita de los buenos modales)

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El jefe de bancada de la coalición oficialista PRO, el diputado Nicolás Massot, en una nota concedida al diario Clarín y en relación a lo que él llama “los años 70” que:
“El desafío es superar ese capítulo con mayúscula, que implica no sólo memoria, justicia y verdad. Es también perdón.”
“Y hay un ejemplo muy importante. Como el que se vivió en un contexto diferente con el apartheid. Pero creo que con los años 70 hay que hacer como en Sudáfrica y llamar a la reconciliación.”
Sus declaraciones, como ninguna, pueden ser aisladas del contexto político en el que se dan. El pueblo argentino está conviviendo desde hace un par de semanas con el vergonzoso fallo judicial que le otorgó prisión domiciliaria al genocida y asesino Etchecolatz. Fallo repudiado hasta por su propia hija. Incluso esta decisión judicial no debe ser aislada del contexto de un gobierno que lleva dos años en el poder y ha intentado “revalorizar” la imagen de las fuerzas armadas: desfiles militares, compra de armamentos, mayor presupuesto, defensa irrestricta aún en casos de represión donde se comprueba el accionar poco profesional, etc. Ante todo esto, quienes nos consideramos sujetos/as políticos/as activos/as, militantes, con ideologías y posturas, deberíamos mínimamente salir a contestar y repudiar sus dichos. Esta nota quizás trate de aportar otra mirada, muy diferente a la del diputado Massot (se hace la aclaración para que los/as lectores/as sepan desde que lugar se habla).
No vamos a entrar en detalles de su historial familiar, el cual está fuertemente vinculado al poder político y económico histórico de la clase terrateniente bonaerense, ni tampoco ahondaremos en su derrotero personal, es decir esa cuna de oro que trae desde el vientre materno que lejos está, paradójicamente, de uno de los valores fundamentales que sostiene su gobierno: la meritocracia. Que Nicolás nos explique qué merito hizo él, para nacer con las comodidades, atenciones, recursos y posibilidades que siempre contó y que millones de jóvenes de su edad (quien escribe apenas es unos meses menor que el señor diputado) no tuvimos la suerte de tener a nuestra disposición.
Así que obviando esos detalles que darían para otra nota, vamos a sus frases y su contenido político. Creo diputado que lo imperdonable de sus expresiones sobre “los 70” (y leí su nota completa y la verdad que está llena de conceptos imperdonables), pasa por dos ejes fundamentales.
En primer lugar, como docente de nivel primario y secundario, más aún porque la nota lo destaca como un “conocedor y apasionado del África”, usted hace una extrapolación histórica y espacial para nada oportuna, entre “los años 70” en Argentina y el apartheid sudafricano. En el siglo XX Sudáfrica aconteció un proceso de segregación racial heredada de una reciente “independencia” , donde una ínfima minoría blanca suprimía los derechos y libertades de una inmensa mayoría negra. Todo esa supuesta “reconciliación” que usted enaltece, se da en un marco político mundial de luchas de los/as oprimidos/as negros/as en casi todo occidente (siendo emblema la lucha en EE.UU.), incluso cuando Mandela pasa a ser figura central y emblema de esa “pacificación sudafricana”, es decir entre fines de los 80’ y principios de los 90’, para el poder económico y político mundial, era lo políticamente correcto, repudiar y “combatir” cualquier forma de segregación racial sobre las comunidades negras. Mientras que en “los años 70” (recurro a estas comillas porque considero un serio error histórico y político hablar de “los 70”, que quedará para desarrollar en otra nota) Latinoamérica, a la cual usted no nombra en toda la nota señor diputado, vivía una disputa económica e ideológica para nada cerrada ni definida, donde para amplios sectores populares y de clase trabajadora, el socialismo era un horizonte real, más bien diría deseable, hasta incluso concreto y posible de construirse. No hace falta ahondar mucho más para saber que solo por contexto internacional, por geopolítica e incluso por intereses concretos en disputa, comparar “los años 70” con el apartheid sudafricano, es un error histórico/político, que en un jefe de bloque de diputados del partido oficialista, más que error, suena a manipulación. Lo invito a releer un poco (bastante) más de la historia reciente.
Pero hay otro punto, si se quiere no tan académico, que me resulta más peligroso en sus palabras: usted bajo un discurso “pacificador” y de “buenos modales católicos” intenta instalar dos posiciones muy degradantes y regresivas para nuestro pueblo: por un lado disminuir, achicar, licuar el genocidio que las fuerzas armadas llevaron adelante en este país, para defender los intereses de las clases dominantes nacionales y extranjeras. Y también por otro lado, es sus palabras borra de un plumazo quizás uno de los únicos sucesos de dignidad que tenga la hipócrita justicia argentina, como lo son los juicios y castigos a toda la jerarquía militar y a varios centenares de miembros de las FF.AA. Incluso hasta el juicio y castigo que han recibido miembros de la Iglesia y empresarios y civiles que fueron parte fundamental de la última dictadura. La no mención de ese accionar judicial esconde la intención de borrar un gran logro de la lucha popular y transformar conceptos sociales y políticos fundantes de cualquier grupo humano que quiera ser digno; verdad, memoria y justicia, para reemplazarlos por otros conceptos propios de la religiosidad: perdón, reconciliación.
Voy a tomar las palabras del diputado y tiene razón, los/as ateos/as también perdonamos o nos reconciliamos, nadie contradice que es una acción humana. Pero como todo lo humano, está atravesado por límites, por cosmovisiones, por acuerdos que implican tensiones que se ponen en disputa. Quiero cerrar diputado haciendo una pregunta:
¿Se puede perdonar a un violador? ¿Se puede perdonar y reconciliar con quien te roba la vida recién nacido/a? ¿Se puede perdonar a quien mediante picanas eléctricas o “submarinos” o palazos limpios, atrofian genitales, rompen dentaduras enteras, mutilan y en esa orgía de sangre e impunidad asesinan y desaparecen personas?
Quien aquí escribe, mis compañeros/as de muchas organizaciones y miles y miles y miles más de estos pueblos del mundo tenemos un par de convicciones bien claras en la cabeza y en el corazón: NUNCA MÁS, NI OLVIDO NI PERDÓN.

Matias Gianfelice, docente del Valle de Calamuchita, militante del Frente Popular Darío Santillán Corriente Nacional.

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