Y ahora, ¿quién agarra la brasa caliente?

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En cualquier lugar del país es común que un argentino vaya a un kiosco, a un almacén, al supermercado o a una panadería y se ponga a hablar con el comerciante. Ayer me pasó, y la almacenera me hablaba de lo mal que estaba la economía y el fracaso demostrado que las políticas económicas del gobierno de Macri habían causado en tan poco tiempo.

Su principal fuente de trabajo es una panadería, con algunos agregados de despensa, y su preocupación pasaba principalmente por el aumento del precio en la bolsa de harina. Me contaba que en un par de años, el valor de la misma había aumentado un 1000 (mil) por ciento, y que desde este año el incremento se había dado en un 100 por ciento más. Y como todo tiene que ver con todo, me explicaba que además cada vez que aumenta el combustible ellos tienen que trasladar los costos a los productos que venden. Algunos meses aguantaron sin hacerlo. Pero el mes pasado empezaron a barajar la posibilidad de cerrar su pequeño comercio. Decidieron esperar la temporada de invierno para ver si las ventas remontaban. Pero la ven complicada.

La señora me hablaba además de los aumentos en el gas, en la luz, y en los alquileres, que se habían disparado por las nubes. Me comentaba también que la obra social para las pensiones no funcionaba y cada vez que iba al médico equivalía a medio sueldo para afrontar la consulta y los medicamentos.

Estaba preocupada; preocupada de verdad. Remarcaba que todo había empeorado este último tiempo y que puntualmente este año, la crisis se sentía fuerte y en profundidad cada mes más. Me había hablado de la corrupción de antes y de ahora, pero le dolía el endeudamiento que este Gobierno Nacional había ejecutado. Y en medio de toda esa conversación, la comerciante me mira y me pregunta: y ahora, ¿quién agarra la brasa caliente?

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