OPINIÓN- Un femicidio cada 34 hs. se produjo en Argentina en el 2018. El relevamiento fue realizado por Mujeres de la Matria Latinoamericana.
El feminismo es un movimiento en constante crecimiento, con un despegue social aún mayor en estos últimos años. A pesar de ello, el número de femicidios, violaciones y abusos de todo tipo parece no detenerse, sino muy por el contrario, aumentar.
Marchas, expresiones artísticas y culturales, intervenciones, charlas, líneas telefónicas de asistencia, herramientas varias se han ido implementando a contramano de una sociedad machista que muestra su cara más descarnada a diario. Es que según MuMaLá (Mujeres de la Matria Latinoamericana) en el 2018 ocurrió 1 femicidio cada 34 horas en nuestro país.
Los datos surgen del observatorio que tiene la organización, y arroja “un total de 259 femicidios, de los cuales 229 fueron mujeres, 26 femicidios vinculados y 4 travesticidios”. En el informe se habla de la evidente necesidad de la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) como una manera de prevenir estas cuestiones, y pone un alerta en torno a los peligrosos dichos de la Ministra de Seguridad de la Nación respecto a la libertad en la portación de armas y el permiso de disparar ante el ´peligro´ a las fuerzas de seguridad, lo cual “lejos de provocar una disuasión del delito y la violencia, la profundizan, teniendo en cuenta el alto porcentaje de agresores policías que cometieron femicidios con sus armas reglamentarias y que el 26% del total de los casos se registraron como femicidios con armas de fuego”.
Otros números que demuestran el largo camino que aún nos queda por transitar como sociedad son los de las víctimas.
“El 53% de las mujeres asesinadas tenían entre 16 y 40 años”.
“El 79% de los femicidios fueron cometidos por un varón del círculo cercano de la víctima (61% pareja y ex pareja; 18% familiar)”.
“El 21% había denunciado previamente a quien terminó asesinándola”.
“El 42% de las mujeres convivía con su asesino”.
“El 62% de los hechos se produjeron en la vivienda de la víctima”.
“282 hijxs quedaron huérfanxs, de les cuales 89 son menores de 12 años”.
Pero además de los porcentajes en cuanto a las víctimas, los hay sobre los agresores, que comparten muchos rasgos en su perfil.
“El 7,5% son miembros de las fuerzas de seguridad/ 70% de ellos son policías, 10% militares, 10% policías retirados, 10% militar retirado o pasivo”.
“El 22% se suicidó”.
A más allá de la frialdad que pueden tener los números, hablan, demuestran y son el mapa de una realidad que incluye a mujeres, hombres, hermanas y hermanos, padres y madres, hijas e hijos, amigas y amigos, vecinas y vecinos; es decir, a quienes nos rodean.
De seguro que hay ámbitos para debatir muchas acciones del feminismo, maneras de representatividad y formas de lucha, pero en primer lugar no vamos a ser los hombres quienes les enseñemos a luchar, y en segundo lugar, el feminismo es el único movimiento que puede equilibrar la balanza en una cultura patriarcal signada siempre por la voluntad del hombre. Es imperioso que esa visión caiga. Y caerá no sólo de la mano de las mujeres, sino también de los hombres que a diario deberemos cuestionar nuestros privilegios y profundizar cada vez más la deconstrucción de ese “macho pecho peludo” que nos enseñaron debemos ser.