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«Vi cuerpos sin cabeza, cuerpos completamente desfigurados»

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La declaración del fotógrafo que siguió durante 24 horas el operativo policial que dejó más de 120 muertos en Río de Janeiro.

Alrededor de las 6 de la mañana del 28 de octubre, el fotógrafo Bruno Itan, comenzó a trabajar para registrar todo lo que estaba aconteciendo en Río de Janeiro.

Esa mañana empezaría la operación policial más sangrienta en el área metropolitana de Río de Janeiro que haya registrado el Grupo de Estudio de Nuevas Ilegalidades de la Universidad Federal Fluminense (Geni/UFF) desde 1990.

Al menos 121 personas murieron y 113 fueron detenidas, según cifras oficiales de la Policía Civil y Militar de Río de Janeiro, que llevó a cabo la operación contra la facción Comando Vermelho en los complejos Alemão y Penha, en la capital carioca.

«Vi el tiroteo, vi los autos quemados, empecé a grabar. Los residentes también denunciaron mucha brutalidad policial», indicó el fotografo y agregó: «En el Hospital Getúlio Vargas los cuerpos no dejaban de llegar. Hasta ese momento, la cifra oficial de muertos era de 64».

Según Bruno, a la prensa se le impidió el acceso al complejo Penha. «La policía disparó al aire y no nos dejaba pasar. Formaron una fila y dijeron: ‘La prensa no pasa por aquí'».

Habiendo crecido en la favela, pudo acceder al lugar. «Llegué a la comunidad, donde me quedé hasta el amanecer grabando».

Fue durante la noche cuando los residentes comenzaron la búsqueda de los desaparecidos, cuyo número no coincidía con el de fallecidos registrados hasta entonces.

En la madrugada, las propias familias iniciaron la búsqueda en la sierra de la Misericordia, que divide el Complexo da Penha del Complexo do Alemão.

Los residentes trasladaron al menos 55 cuerpos a la plaza São Lucas, en la Estrada José Rucas, una de las principales vías de la región.

«Las familias fueron por su cuenta a recuperar los cuerpos. Lograron llegar en motocicletas y autos; usaron sábanas para cubrirlos y traerlos aquí, a la plaza del Complexo da Penha», afirma.

«Inicialmente, llegaron unos 20 cuerpos. Y luego, ¡uf!, no paró. Llegaron 25, 30, 35, 40, 45… Son vidas, independientemente de lo que hayan hecho».

«Esto no es normal. Probablemente sea la mayor operación en la historia de este país», dijo Bruno.

«Me impactó profundamente la brutalidad. El dolor de las familias, las madres desmayándose, las mujeres embarazadas llorando, los padres indignados… Podría haber sido uno de ellos. Si no hubiera conocido la fotografía, de repente podría haber sido uno de ellos.»

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