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14 de septiembre de 2026

9 AÑOS JUNTO A VOS


Seis meses después, Adorni todavía no explica su patrimonio: ¿hasta cuándo va a durar el blindaje?

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OPINIÓN | Dólares en efectivo, propiedades, vehículos, refacciones millonarias, viajes y movimientos financieros siguen esperando una explicación.

Hay algo que debería resultar inadmisible en cualquier democracia: que un funcionario público quede bajo sospecha por un crecimiento patrimonial que despierta interrogantes, que pasen los meses y que las respuestas nunca lleguen de manera clara y convincente.

Y eso es precisamente lo que ocurre con Manuel Adorni.

Pasaron más de seis meses desde que comenzó el escándalo alrededor de su patrimonio y el de su esposa, Bettina Angeletti. Seis meses en los que hubo declaraciones públicas, cruces políticos, explicaciones que fueron cambiando y, ahora, una investigación judicial que todavía espera respuestas concretas.

No estamos hablando de una pregunta menor.

La Justicia quiere saber, entre otras cosas, de dónde salieron los dólares en efectivo, cómo se financiaron determinadas propiedades, quién pagó determinados gastos, cuál fue el origen del dinero utilizado para vehículos y refacciones, cómo se realizaron determinadas operaciones inmobiliarias y cuál fue el origen del capital utilizado para operar con criptoactivos.

Son 20 preguntas.

Veinte.

Y lo verdaderamente preocupante no es solamente que existan esas preguntas. Lo preocupante es que, seis meses después, todavía no estén despejadas.

Una cuestión de sentido común

No hace falta ser especialista en derecho penal, contador ni investigador financiero para entender algo elemental: quien ocupa o ocupó una función pública tiene que poder explicar de manera transparente cómo construyó su patrimonio.

No se trata de condenar a Adorni anticipadamente.

No se trata de afirmar que cometió un delito.

Eso deberá determinarlo la Justicia, si corresponde.

Se trata de algo mucho más básico: explicar.

Explicar de dónde salió el dinero. Explicar cómo se pagaron las propiedades. Explicar las refacciones. Explicar los vehículos. Explicar los dólares. Explicar los gastos. Explicar las operaciones financieras.

Y si todo tiene un origen legítimo, documentado y comprobable, entonces las respuestas deberían ser relativamente sencillas.

Pero mientras las respuestas no aparecen, las preguntas se acumulan.

Y la Justicia sigue esperando

El primer plazo otorgado por el fiscal Gerardo Pollicita venció el 25 de agosto. Sin embargo, Adorni obtuvo una prórroga que ahora vence el martes 15 de septiembre.

Y existe incluso la posibilidad de que vuelva a solicitar más tiempo.

Es difícil no preguntarse qué sentiría cualquier ciudadano común si tuviera que explicar ante organismos públicos el origen de semejante cantidad de movimientos patrimoniales y pudiera responder durante meses que necesita más tiempo.

Probablemente no tendría demasiadas oportunidades.

Pero cuando se trata de alguien que formó parte del Gobierno nacional, la sensación que queda es otra.

Una sensación incómoda.

La sensación de que las reglas no siempre pesan igual para todos.

El silencio del poder también dice algo

Y acá aparece una cuestión política que no puede ser ignorada.

Javier Milei defendió públicamente a Adorni cuando comenzaron los cuestionamientos y continúa sosteniendo su respaldo político.

Eso es legítimo.

Un presidente tiene derecho a defender a sus funcionarios y exfuncionarios.

Pero una cosa es brindar respaldo político y otra muy distinta es que desde el poder se transmita la impresión de que determinadas investigaciones pueden diluirse hasta desaparecer de la agenda pública.

Porque eso es lo que empieza a percibirse.

Un blindaje político.

No necesariamente porque exista una orden explícita para frenar una investigación. No hace falta llegar a semejante conclusión para advertir algo más sutil: cuando un funcionario cuestionado cuenta con el respaldo permanente del poder de turno, cuando el caso pierde espacio público y cuando los tiempos judiciales se estiran, la percepción social inevitablemente es que alguien está dispuesto a protegerlo.

Y en democracia, la percepción de impunidad también es un problema.

¿Hasta cuándo?

Los casos judiciales necesitan tiempo. Eso es indiscutible.

La Justicia no puede condenar a una persona porque un expediente genere indignación pública.

Pero tampoco puede convertirse en un agujero negro donde los expedientes ingresan y, con el paso de los meses, dejan de ocupar espacio en la conversación pública.

Eso también es peligroso.

Porque el olvido puede convertirse en una herramienta de impunidad.

Primero aparece el escándalo.

Después llegan las explicaciones.

Después las contradicciones.

Después las prórrogas.

Después otros escándalos ocupan las tapas.

Y finalmente, cuando nadie pregunta más, el caso desaparece.

¿Será ese el destino del expediente de Adorni?

Ojalá no.

Porque si todo lo que aparece en la investigación tiene una explicación legal y documentada, el propio Adorni debería ser el primer interesado en demostrarlo cuanto antes.

Y si no la tiene, entonces la sociedad merece saberlo.

La vara debe ser la misma para todos

La verdadera discusión no debería ser si Adorni es kirchnerista, libertario, radical, peronista o cualquier otra cosa.

La discusión es mucho más sencilla.

¿Puede un funcionario explicar el origen de su patrimonio?

Sí o no.

Si puede, que lo explique.

Si tiene documentación, que la presente.

Si los bienes fueron adquiridos legítimamente, que se demuestre.

Y si existen inconsistencias, que la Justicia determine qué ocurrió.

Lo que resulta vergonzoso es que seis meses después de que comenzaran los cuestionamientos todavía haya 20 preguntas esperando respuestas, mientras el funcionario cuestionado conserva el respaldo del Gobierno nacional y el expediente continúa avanzando a un ritmo que difícilmente genere confianza en una sociedad cada vez más desconfiada de sus instituciones.

Porque al final de cuentas, la transparencia no debería ser una bandera partidaria.

Debería ser una obligación.

Y cuando un funcionario no logra despejar durante meses las dudas sobre cómo aumentó su patrimonio, lo mínimo que corresponde es exigir explicaciones.

No blindajes.

No silencios.

No olvido.

Explicaciones.

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